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Los ruidos ambientales generalmente no tienen consecuencias tan graves en el corto plazo, pero sí producen molestia, estrés, problemas gástricos, alteración del sueño, problemas de aprendizaje en los niños y otros en el largo plazo.
En casos extremos, se pierde la audición, se deteriora la salud mental y aumentan las enfermedades nerviosas. Existen exposiciones al ruido que generan pérdida auditiva temporal, como la música fuerte en una discoteque. Estos traumas acústicos tienen efectos en el largo plazo pues contribuyen a acelerar nuestra pérdida natural de audición, a medida que envejecemos.
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